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Poesías, escritos y comentarios de Antonio Martinez de Ubeda Linden

15 Febrero 2008

EL INMIGRANTE DE KAOLA QUE NO LLEGO. HUMANISTA ANTONIO MARTINEZ DE UBEDA

EL IINMIGRANTE DE KAOLA QUE NO LLEGO.

Hablaré de un inmigrante que no llegó. Que se quedó ahogado en el Atlántico.

Se llamaba Jadim, según me contó Mohamed, un joven de 23 años de Senegal.

Son historias tan reales, que el no vivirlas, pero sí el oírlas, me mantinen en ser

más persona, y hasta a preguntar por la calle…porque el hablar no hace daño.

Siempre me agradaba cuando yo era pequeño, ver en mi Andalucía, cómo la

gente se saludaba, se trataba, y pacíficamente conversaba.

Iba sentado en el tren, y junto a mí un joven, al que le pregunto de qué país es,

y las merecidas preguntas a las diez de la mañana, de que cómo le iba la vida.

Sabía hablar un poco español, y entre francés, nos entendimos. El iba a vender de ambulante. Mis interrogaciones, por conocerle, y oírle a sus sentimientos, me llevó a acompañarle, ya que íbamos en la misma dirección.

Mi interesante observación, directamente fue, de cómo le había su trayecto en la patera. Y muy cordialmente me la contó, y me la relató, con lágrimas, y el coraje,

que sólo puede tener un joven, que a los 19 años, deja su familia, sus amigos y salen a la busca de Europa.

Y de un pueblo de Senegal llamado Kaola, un día lunes 21, de uno de los doce meses que tiene cada año. Y en el 2006 en un país donde salen por las hambres sus hombres, salen 39 jóvenes, con un capital de algo más de mil euros, que será el dinero que necesitaran para los trenes del mar, las pateras.

Hasta llegar a Mauritania, el trayecto les fue más que difícil e incómodo. Caras nuevas, por extrañas. Pero su sus sueños, eran lo que les suponía el luchar.

Jadin y Mohamed eran vecinos, de la misma calle de barro y sin asfaltar, donde jugaron de pequeños, hasta que los ahorros de los padres, les hicieron ser inmigrantes de patera.

Y como en desfile salen, con penurias a la más atrevida aventura, porque saben que muchos no llegaran.

Una vez en Mauritania, se embarcaron 48 jóvenes, entre los que estaban el capitán de la embarcación. Patera con dos motores, que se comprarían con las idas y venidas de muchos sueños rotos.

El capitán, según me contaba Mohamed, era de seriedad intocable y mafiosa, de triunfo y éxito.

Es un buen negocio, sobre los mares, donde cada individuo si llega y puede conseguir permanecer, tendrá un valor de mil euros.

Eran las tres de la madrugada, cuando salieron rumbo a Las Palmas de Gran Canaria. El trayecto con fríos, temores y suspense, nos lo podemos imaginar…por el pánico que mejor pueda relatarse.

El mejor amigo de Mohamed, era Jadim, y con la suerte que iban juntos en el trayecto. En el primer día de viaje, Jadim, empezó a tener los temores de la muerte, pues empezó a sentirse mal, y lentamente a congelarse. Entre las olas, la ansiedad de la situación, y las expectativas, en lo único que se pensaba era en llegar. El poder sentir frío o hambre, era lo de menos.

Jadim iba recostado en las piernas de su buen vecino Mohamed, quien sabiendo

de su estado por congelación, con su húmeda chaqueta africana le resguardaba.

Llegó a pensar en voz casi alta, me voy a morir, me voy a morir…

La supervivencia de los soñadores, les hacía animarse. Jadim, le decía en susurros, y casi sin aliento…Mohamed quiero dormir…Mohamed quiero dormir.

Cuenta que sus últimas palabras ,eran constantemente…Dios ayuda nosotros…Dios ayuda nosotros.

La traducción pienso que sería Alha ayuda a nosotros. El corazón del miedo sabía expresarse muy bien y pienso que los temores y oraciones de sus madres también.

Al día y medio de trayectoria de la aventura, según cuenta Mohamed, tras tres horas de agonía, se quedaba como a las tres de la madrugada sin sueños Jadim.

Estaba muerto, y nadie lo sabía, incluso quien lo tenía entre sus piernas y le abrazaba.

Mohamed, temiendo que al momento de comunicarlo lo echaron a la mar, él llorando aguantó hasta que el alba, el amanecer…

Temiendo lo peor, le dijo al capitán, que su amigo había muerto, y la respuesta fue egocéntricamente asesina, echémoslo al mar.

Pasaron unos minutos, cuando según me dice Mohamed, que habiendo oído de que pudiera ser comido por los propios compañeros de trayecto……si, eso me contó que le habían contado; que a veces sucedía …

Jadim, fue echado al fondo del los mares.

Mohamed, al día siguiente de llegar a tierra, llamó a sus padres, y habló con la hermana de Jadim, para comunicarles lo sucedido. Dice que se querían muchos los hermanos y me refirió que con la hermana que había hablado era muy guapa.

Mohamed, con lágrimas secas, me contó esta historia. Quise invitarle a un café, pero su sueño, de ser vendedor ambulante por ahora, le hace despedirse, y aprovechar el tiempo.

Antonio Martinez de Ubeda

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