LEYENDO UNOS VERSOS DE MI PADRE
LEYENDO UNOS VERSOS DE MI PADRE
Muestreo del hacer de Martínez de Ubeda. Luces y sombras, grandeza y servidumbre, de quien fue el mejor poeta jaénes -residente en las tierras de nacencia- de su época-
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Por igual inédito y nuestra estima de que es uno de los últimos poemas que escribiera Juan Martínez cuando, ya enfermo de cáncer de garganta, se le asomaba la muerte. Un texto sincero, tremendo.
POEMA PARA NOVIEMBRE MORIR
Yo no quiero morir porque otras vidas
-las ramas de mi tronco- me detienen;
porque brilla la luz y tengo sombra;
porque adoro a mi Dios y porque es verde
el agua de los mares y son blancas
las nubes; porque amo; porque tienen
risas las rosas y músicas los aires.
Yo no quiero morir, pero si, aleve,
la muerte desdibuja mis mañanas,
y se troncha mi tronco, y de repente
la rosa cambia de color, y el aire
se me va de la vida, seré fuerte
y diré con la voz que no haya muerto:
¡Gracias, Señor por esta vida breve!
Quiero vivir por estas ramas mías
que huelen a naranjo. Por las fuentes
que cantan, por los besos, por las canas
de otros troncos antiguos; pero tiene
mi raíz una voz que está muy cerca
de la voz del Señor y no le teme
la carne a la cenizo, ¡No es tan duro
dormirse junto a Dios sobre la muerte!
Sorprende cómo estos endecasílabos vienen a coincidir, prácticamente. con dos sonetos que, años antes, publicara en la revista Linares (16), con título similar, «Poema en noviembre»
-I-
Yo no quiero morirme todavía.
No me quiero morir, porque me siento
la savia por los huesos, y el aliento
encendido de color y armonía.
No me quiero morir mientras sonría
este niño plural que busca un cuento
de hadas en mis labios y alimento
de Dios en mi silente hospedería.
Cuando sean mis pájaros capaces
de volar con sus alas, dame. Muerte,
la muerte que me sirva para el vuelo;
pero míralos. Muerte; son rapaces,
florecillas en leche, cuya suerte
depende de mí voz y mi desvelo.
-II-
No temas, corazón, Morir es darse
a la tierra mullida y olorosa;
caer, como los trigos, o sembrarse
en un carmen con sol, como la rosa.
Morir es, corazón, caer y alzarse;
hacerse Nada y Todo; ser graciosa
paloma del Señor, al elevarse,
a tronco sin raíz en tierra umbrosa.
No temas, corazón, que vida es muerte,
porque sólo muriendo tiene vuelo
el alma encarcelada por la vida.
Morirse, corazón, es florecerte
en las aras de Dios; ser en el Cielo
palma, canción o lumbre inextinguida.
Por su misión como padre; si bien su profunda y sincera religiosidad le lleva a acoplar la muerte, «no le teme la carne a la ceniza».Y esta confesa religiosidad, por igual, se manifiesta en el autógrafo que reproducimos de una carta que el poeta remitiera a Alberto López. Poveda. Redoblada sinceridad en verdadero recogimiento espiritual. Vibra su fe.
La soledad me ofrenda
los frutos y el sabor de lo perfecto.
Baja de Dios a mi. como un arcángel,
la palabra no dicha. Sí, Me siento
alto en la luz, ardido en la esperanza
de ver, de nuevo, el Verso
del árbol, con sus pájaros dormidos.
Sí. Con Dios, a solas, siento
lo que dicen los hombres cuando callan,
lo que cantan las piedras y el silencio.
Ciego a las cosas, llegan
a mí las luces todas de lo inmenso.
JUAN MARTINEZ DE UBEDA
